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¿Qué es la incertidumbre?

La preocupación es un proceso relativamente normal en la población, hay estudios que muestran que más del 38 % de la personas, se preocupan, al menos, una vez al día.

Pero habría que diferenciar la preocupación normal de la preocupación patológica, entendida esta última como la manera en que las personas adoptan la preocupación como su manera de ver la realidad y de solucionar los problemas aunque conlleven consecuencias negativas como ansiedad o depresión.

Un ejemplo donde puedes ver la diferencia sería el caso de dos trabajadores de una empresa donde sus jefes han anunciado que debido al ajuste del presupuesto, se han previsto reducciones de plantilla para el año que viene.

En los días siguientes a la comunicación por parte de la dirección, uno de los trabajadores se ha sentido preocupado en varias ocasiones, pero en seguida ha retomado el curso normal de sus actividades, diciéndose que los despidos no se producirán hasta el año que viene y que de momento sigue trabajando.

Eso no significa que sea indiferente a la situación, puesto que no tardará en tomar medidas para buscarse nuevo empleo en el futuro o incluso ahora.

En cambio, el otro compañero no deja de preocuparse desde el día en que la dirección hizo el anuncio, está estresado y nervioso, se imagina constantemente sin empleo, tanto en el trabajo como en su hogar está tenso y no logra conciliar el sueño.

Acosado por la incertidumbre, el segundo trabajador tiene la
impresión de que ya no controla los acontecimientos.

El concepto de intolerancia a la incertidumbre va unido al de la preocupación de manera directa, cuanta mayor preocupación se tenga ante una situación concreta, mayor intolerancia a la incertidumbre se puede llegar a tener.

La incertidumbre es aquella falta de consistencia, precisión o exactitud de la información que no te permite predecir la realidad que nos rodea, un escenario donde hay muchas posibilidades y ninguna garantía.

La intolerancia a la incertidumbre es una tendencia excesiva a considerar que las situaciones ambiguas son agotadoras y perturbadoras, a creer que los acontecimientos inesperados son negativos y donde la preocupación forma parte del día a día, viéndola como algo útil y como mejor manera de actuar.

Las personas con tolerancia a la incertidumbre perciben las situaciones ambigüas como desafiantes o interesantes, no niegan la situación y tampoco la evitan. En cambio las personas que presentan intolerancia a la incertidumbre, el caso expuesto anteriormente, llegan a experimentar estrés (falta de sueño, tensión corporal, altos niveles de preocupación) reaccionando prematuramente sin que la situación calificada como negativa (pérdida de trabajo) se haya presentado todavía.

¿Qué podemos hacer?

Una vez explicado en qué consiste el concepto de intolerancia a la incertidumbre, vamos a proponerte una serie de herramientas donde puedas desarrollar una mayor tolerancia y evitar caer en estados donde predomine la ansiedad. Es inútil que trates de aumentar tu grado de certidumbre con respecto a un elemento (objeto, fenómeno o acontecimiento) de carácter incierto, puesto que la incertidumbre no depende de ti sino de situaciones del día a día. Lo que debes tratar de incrementar es tu grado de tolerancia a la incertidumbre desarrollando tu capacidad de convivir con ésta.

En primer lugar es aconsejable que cambies las siguientes creencias: “preocuparse es útil”, “preocuparse permite evitar las decepciones”, “preocuparse ayuda a encontrar la mejor manera de actuar”, “preocuparse permite prevenir problemas”. Ya vimos que existe una preocupación normal y que incluso puede disponernos a actuar de manera acertada (por ejemplo, ante el anuncio de perder mi puesto de trabajo, preocuparme me puede incentivar a que empiece a buscar trabajo).

Sin embargo, la experiencia pone de manifiesto que preocuparse de manera continuada y excesiva provoca todo tipo de malestares, disminuyendo tu calidad de vida, alterando la manera en que puedes hacer frente a tus problemas y experimentando emociones como: miedo, temor, ansiedad, tensión, etc.

En cambio si entendemos la incertidumbre como un espacio donde puedes potenciar tus habilidades, una oportunidad para el cambio, donde poder actuar hasta donde puedas, evitará experimentar emociones negativas y no quedarte paralizado o evitando la situación.

Una vez cambiada la manera de percibir la situación, es importante que realices técnicas de control de pensamiento.

Estar atento a los mensajes internos que puedes lanzarte como “Y si…, “Tal vez…”, “Tal vez de repente…”, “Va a ir todo muy mal”, “no sé qué pasará de mí”,etc.

Este tipo de mensajes generan más preocupación, cuando te autoobserves y detectes que te estás lanzando este tipo de mensajes, cambia el discurso interno mediante la técnica de parada del pensamiento que consiste en que visualices la señal de STOP, como herramienta para frenar los mensajes internos de tipo negativos que antes exponíamos. Al principio puede costarte, por eso te recomendamos que utilices otra técnica como la distracción, que consiste contar del número 300 hacia atrás, llegando al 0 y así puedas sustituir pensamientos como: “va a ir todo muy mal”, “y si me despiden”, etc.

Por último, te proponemos una serie de pasos para que puedas desarrollar una mayor tolerancia a la incertidumbre y que consiste en utilizar la técnica de resolución de problemas.

Esta técnica mejora tu orientación mental con respecto a tus problemas pero antes queremos ponerte un ejemplo de una situación que puede darse en el ámbito laboral. Juan suele tener períodos de trabajo donde tiene semanas más cargadas de tareas y tiene que hacer horas extras en su casa pero cuando tiene que hacerlo, se preocupa porque no realiza las tareas de casa.

Por otro lado, si no realiza las horas extraordinarias, el trabajo se le acumula encima de la mesa y eso también le preocupa para Juan, percibe que es una situación sin salida y cada vez se repite la misma historia, Juan percibe estar tenso ya que no sabe a qué darle prioridad y trata de hacer todo al mismo tiempo, cada vez está más cansado y no se siente capaz de superar estos períodos, sintiendo malestar ante la incertidumbre de no poder gestionarlos adecuadamente. Juan considera que no hay solución, la percepción que tiene de la situación es negativa.

El proceso de resolución de los problemas incluye cinco fases:

1. Percibir el problema. No percibir el problema como una amenaza sino como un desafío que hay que aceptar. Juan podría percibir su situación de la siguiente forma: “Las semanas en las que hay sobrecarga me resultan agotadoras, pero seguramente existirán para superar estas semanas sin acabar cansado”

2. Definir el problema y formular objetivos. Antes de resolver un problema es importante que lo conozcas y definas. Juan definiría su problema de la siguiente manera: “una vez al mes, cuando mis jefes me piden que haga trabajos urgentes, me gustaría realizar estos trabajos además de mis tareas habituales, trato de hacer demasiadas cosas a lo largo de una jornada que tan sólo tiene 24 horas”. Los objetivos deben ser precisos, concretos y realistas. Juan buscaría los siguientes objetivos: no encontrarse sobrecargado mental y físicamente y aceptar que no puede abarcar ambas tareas a la vez.

3. Buscar soluciones. Apuesta por la variedad de posibles soluciones y evita estancarte sólo en una, también no “acomodarte” a lo que habitualmente haces. Posibles soluciones de Juan: pedir a sus jefes que le liberen de ciertas tareas, los días que tenga sobrecarga de trabajo pedir por la mañana a su mujer e hijos que se encarguen de hacer la comida y/o cena.

4. Elegir solución. Tu objetivo consiste en elegir la mejor solución posible entre las propuestas inventadas, evaluar los pros y los contras. Pedir a mis jefes que me liberen de determinadas tareas cuando realice un trabajo urgente podría ayudarle a centrarse en la tarea pero en cambio puede que tenga que hacerlas más tarde. La otra solución permitiría preocuparse menos por los deberes de casa y también fortalecería el sentido de responsabilidad en sus hijos. Ambas opciones pueden ser consideradas. Tras haber analizado ambas opciones, Juan considera combinar las dos.

5. Aplicar la solución/es elegida/as y evaluar resultados. La pregunta que debes hacerte en esta fase es la siguiente: ¿“La solución (o combinación de soluciones) que has elegido te permite alcanzar tus objetivos”? Juan previniendo la sobrecarga habló con su familia para que pudieran encargarse en aquellos días de la comida y también habló con sus jefes acerca de la parte de soluciones que se refería a ellos y se hizo con una agenda. Cuando se presentó una sobrecarga de trabajo, Juan utilizó su agenda para planificarse la semana y le pidió a su hija que se encargara de la cena.

Después de esta semana de sobrecarga de trabajo, Juan se declara satisfecho de la manera en que ha gestionado la situación.

 

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