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Las relaciones de pareja

¿A qué nos referimos cuando hablamos de una relación de pareja “sana”?

Todos sabemos lo que es una “relación de pareja”. Sin embargo, ¿qué es una relación de pareja sana? ¿a qué hace referencia este término? Una relación de pareja sana es aquella en la que los dos miembros de la pareja están satisfechos. “Estar satisfecho”, a su vez, hace referencia a que ambas partes estén felices en su relación, existiendo un equilibrio basado en una reciprocidad entre ellas. Para estar satisfecho se requiere, además de una identidad compartida, un compañerismo mutuo y una atracción física (elementos básicos de la relación de pareja) que exista una confianza y una buena comunicación entre las dos partes, así como una resolución de
conflictos y una negociación adecuadas.

¿Y cuando hablamos de “amor”?

El amor es un concepto universal y abstracto que se relaciona, de forma general, con sentimientos como el apego o el afecto, y que produce una serie de actitudes, emociones y experiencias. Existen muchas acepciones del amor y es un término que puede utilizarse de distintas maneras, pudiendo depender su significado de
factores culturales, históricos e incluso personales. Cuando hablamos del amor “sentimental” (dentro de una pareja) éste puede experimentar cambios. Mientras al principio se caracteriza por una activación emocional muy elevada, normalmente va evolucionando hacia unos sentimientos más estables, más firmes y más reales.

El amor romántico vs el amor real

En nuestra cultura, en relación al ámbito sentimental, se tiende a idealizar el amor. Hay una serie de errores cognitivos que están generalizados y que son la base de esta idealización que, a su vez, está en el núcleo de muchos de los problemas típicos que tienen las parejas de hoy en día. Estas ideas están basadas en una idea del amor no controlable, que no depende de uno mismo, dando lugar, a veces, a ciertas expectativas que hay que cumplir, considerando negativo todo lo que no esté dentro de éstas. Identificar estos pensamientos y aprender a modificarlos puede ayudar a reducir los conflictos en las relaciones de pareja.

A continuación mostramos algunos de los errores cognitivos más típicos para que sea más fácil reconocerlos cuando se produzcan y de esta manera, ser capaces de manejarlos.

Errores cognitivos sobre el amor

“El amor es la relación emocional por excelencia”: las primeras fases del amor se caracterizan por una activación fisiológica muy elevada (aquello que llamamos “mariposas en el estómago”). Cuando se pasan estas primeras fases, entramos en un estado más estable, más real, con unas emociones menos intensas y más  adaptadas. Un error típico es pensar que esas “mariposas” deben durar siempre y que, cuando todas estas emociones “bajan”, el amor se ha terminado. Es importante saber que el amor no se termina, el amor evoluciona. No se acaba: cambia, se transforma. Es necesario entender esto para poder darle un significado real a lo que nos pasa, y poder normalizar esa “estabilización” de las emociones.

“El amor lo puede todo”: “por tanto, si nos queremos, no importa lo demás”. El amor es la base de toda relación de pareja, de eso no cabe duda. Sin embargo, es importante que existan más factores (actitudes, voluntad, respeto, aspectos comunes…) para que una relación de pareja funcione.

“Si no hace lo que le pido, es que no me quiere”: aunque pueda resultar costoso, entender el amor de esta forma, considerándolo algo “absoluto” es un error. Comprender que la otra persona tiene una vida, unos principios y unos puntos de vista o prioridades diferentes a las mías, significa respetarla. La otra persona me quiere, manteniendo su vida, autonomía e independencia.

“La pareja debería ser…”: muchas veces, bien por comparación social con otras parejas o bien por ideas o conceptos que hemos ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida, tendemos a pensar que las cosas deberían ser de una u otra forma determinada. Sin embargo, se nos olvida algo, y es  que en las relaciones no hay nada escrito: la
diversidad entre las personas es inmensa, y lo es más todavía entre las relaciones. No debemos dejarnos llevar por comparaciones sociales, por estándares que tenemos asumidos o que la sociedad hace que consideremos como válidos o no válidos: cada relación es única, con sus propias normas y funciona en base a una lógica individual y personal. Eso es, de hecho, lo que la hace especial.

“Juntos somos uno solo”: cuando hablábamos de las características del amor hacíamos referencia, entre otras, a la identidad compartida. Esto significa sentirse identificado con la pareja, que los dos compartamos una misma forma de vida respetando y, apoyando a la otra persona. Es tener un proyecto y una vida en común, pero sin olvidar nuestra propia vida: pensar que “somos una sola persona” es caer en la alienación, y eso supone la anulación de uno mismo.

“Mi felicidad depende de (la de) mi pareja”: igual que en el punto anterior, mi felicidad es mía y debe depender de mí mismo y de los factores a los que yo les de valor (pudiendo ser, por supuesto, mi pareja uno de ellos). La felicidad es algo subjetivo y personal, pudiendo tener un significado diferente para cada persona. Es algo que puede ser el producto de muchos factores, y mi vida será más completa cuantos más factores existan. Que mi felicidad dependa de un solo factor (como puede ser mi pareja) es un error que, a largo plazo, puede tener consecuencias negativas. La felicidad es una responsabilidad que no podemos (ni debemos) dejar caer exclusivamente sobre una sola persona.

“Si no sale de la otra persona, no es válido”: a veces esperamos que la otra persona actúe de una forma determinada; tenemos unas “expectativas” concretas en cuanto a cómo debe actuar el otro y tendemos a pensar que “si no se cumplen estas expectativas, es que algo no va bien”. Sin embargo, debemos entender que nuestra pareja no tiene por qué tener las mismas expectativas que nosotros y, por tanto, no tiene por qué saber cuáles son las nuestras. En consecuencia, hacer peticiones acerca de
nuestras propias necesidades debería ser una opción, sin que el hecho de “tener que pedirlas” las convierta en algo menos válido. No olvidemos que una de las bases de una buena relación es una buena comunicación.

Los conflictos en la relación de pareja

Otro tema relevante es el de los conflictos en las relaciones de pareja. Tener conflictos o discusiones es algo normal –y necesario- en una relación. Ahora bien, tener demasiadas discusiones, o conflictos muy fuertes puede dañar la relación. Cada caso es diferente, sin embargo, existen determinados factores comunes que podrían
relacionarse con las discusiones habituales que las parejas pueden tener. Aprender a identificarlos y saber qué factores pueden influir puede ayudar a mejorar tu relación. Para ello, te invitamos a que prestes atención a cada uno de los siguientes puntos:

¿Qué factores podemos evaluar en los conflictos normales de una relación de pareja?

Ajuste emocional personal: aprender a identificar aquello que es individual de aquello que es de la pareja. Es decir: diferenciar las necesidades individuales que puede tener uno de los miembros de la pareja de las necesidades de la propia pareja como tal. Muchas veces, ante una necesidad o un problema personal, no nos damos cuenta y ponemos toda la carga en la pareja.

 

El ejemplo más común se da cuando uno de los miembros es más dependiente que el otro: éste suele entender que hay que hacer todas las actividades de forma conjunta, no concibiendo poder hacerlas por separado. Esto puede suponer problemas cuando la otra persona no es tan dependiente o no tiene esa necesidad. Otro
ejemplo sucede cuando una de las dos partes tiene una patología (una depresión, por ejemplo) que causa problemas en el funcionamiento interno de la relación. Aprender a identificar las necesidades personales de las de la propia pareja es un punto fundamental que puede ayudar a aclarar los conflictos.

Ajuste actual: cuáles son las necesidades que tiene hoy la relación. Las relaciones evolucionan y cambian con el tiempo, al igual que lo hacen las personas. Lo que era necesario ayer puede que no lo sea hoy. Adaptarse a estos cambios y entenderlos es algo fundamental.

Expectativas: es importante reflexionar sobre qué espero de mi relación (haciendo referencia a la relación como tal), qué espero de mi pareja (de forma individual) y qué espero de mí mismo como pareja (sobre mi comportamiento como parte de la pareja). Saber diferenciar estos tres aspectos (relación, pareja y yo mismo) puede
ayudar a clarificar cosas que a veces parecen complejas. Es importante saber hacer una reflexión y un auto-conocimiento para clarificar estos tres puntos.

¿Cómo intervenir? Algunos trucos para mejorar tu relación de pareja

Ajuste emocional individual: párate a pensar qué esperas de la relación, del otro y de ti mismo. Reflexiona sobre cuáles son tus necesidades y qué es lo que aportas tú. ¿Realmente crees que los problemas son necesidades de la relación o necesidades tuyas personales? ¿Qué tengo que cambiar yo para producir un cambio en la otra persona? Éste es un ejercicio difícil de hacer y que requiere mucho esfuerzo personal y autoconocimiento. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Realización de actividades agradables: aunque desde el punto de vista teórico parece muy fácil, desde el punto de vista práctico es una de las cosas más difíciles
que hay. No obstante, es una buena estrategia para mejorar tu relación de pareja, sobre todo si sientes que no hacéis tantas cosas juntos como te gustaría. Para solucionarlo, sentaos juntos y haced un listado de las cosas que os gusta hacer en común (deporte, ver la televisión, viajar, ir al cine, salir a pasear…). Cuando la tengáis, fijad un día de la semana en el que hacer una de las cosas apuntadas en la lista. A la semana siguiente, haced otra de las cosas. A la siguiente, otra… y así sucesivamente hasta completar la lista. Cuando se acaben, podéis volver a empezar o añadir cosas nuevas.

Símbolos de la pareja: igual que en el punto anterior, esta técnica consiste en hacer un listado, pero aquí algo diferente, se trata de enumerar las cosas que representen o hayan representado, a lo largo de la relación, algo importante para la pareja. Por ejemplo, una canción, el primer sitio donde os encontrasteis, el lugar donde os conocisteis, vuestro primer viaje, cosas que hacíais el primer año, ver fotos antiguas de los dos juntos. Igual que en el caso anterior, cuando se haya hecho la lista, debe fijarse un día de la semana en el que hacer una de esas cosas. A la semana siguiente, se hace otra. Y así sucesivamente para ir reviviendo esas cosas que hacían (y pueden seguir haciendo) que la relación sea especial.

Tiempo fuera: esta técnica es útil cuando se producen conflictos o enfados. Consiste, básicamente, en identificar nuestros propios síntomas fisiológicos asociados al enfado para que, cuando nos notemos muy alterados, nos salgamos de esa situación, para continuar hablando de ella en otro momento en el que la tensión emocional haya disminuido. Por ejemplo, en mitad de una discusión, si una de las dos partes nota que empieza a alterarse, ésta debe decir “tiempo fuera” e irse a otra parte (o,
simplemente, ambos deben callarse y continuar con lo que estaban haciendo antes de discutir) para, posteriormente, retomar la conversación en un momento en el que no exista una tensión emocional tan elevada.

Observación de lo positivo: consiste en observar aquello que nos gusta de nuestra pareja: lo positivo de la relación con el otro, de vivir con él. Se trata de valorar lo que hay (y no lo que me gustaría que hubiese); es ver lo que el otro hace por mí (y no lo que “me gustaría que hiciese”). Podéis hacerlo de distintas formas, la más eficaz es ir haciendo, individualmente y por separado, una lista sobre las cosas buenas que os gusten del otro.

Al final del día debéis hacer el intercambio: cada uno lee su lista al otro, sin que éste pueda responder: solo debe escuchar. Esta técnica puede hacerse durante una semana, o cuando vemos que la relación está algo deteriorada. O, simplemente, para reforzar las cosas buenas dentro de la pareja.

Comunicación: como ya se ha dicho en distintas ocasiones, la comunicación es una de las bases de una pareja sana. Poder hablar de lo que me gusta, de lo que no me gusta y de lo que necesito ha de ser una premisa en la relación. Por ello, es importante armarnos de valor y saber cómo comunicar al otro estas demandas. Siempre que empleemos un buen tono y unas buenas formas, toda petición puede hacerse. Una buena forma de hacerlo es, por ejemplo, en un momento calmado, en el que estéis haciendo algo agradable juntos.

 

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